SUSCRÍBETE

7 números
impresos y
2 magazines
online

%title

PSICONUTRICIÓN, COMER SIN HAMBRE

Por Nueva Estética

Muchas veces, comemos por impulso, sin preguntarnos si realmente tenemos hambre. esta conducta, no solo puede responder a problemas emocionales, sino que puede acrecentarlos, debido a la posterior sensación de culpa… y además, fomenta el aumento de peso. para recuperar una buena relación con la comida es importante aprender a comer de forma consciente, un concepto del que se está oyendo mucho hablar últimamente y que consiste, no sólo en elegir aquellos alimentos más saludables, sino también en convertir la hora de la comida en un momento de tranquilidad y descanso. LAURA MARGALL BUXEDA. Dietista-Nutricionista. Máster en Estética Integral y Salud.

 



En la sociedad que vivimos y con el ritmo de vida que llevamos, parece que la alimentación vaya incluida en nuestro calendario de tareas. Vamos con la agenda tan definida que, a veces, comemos porque toca comer sin ni siquiera preguntarnos si tenemos hambre. No hay que olvidar que una relación sana con la comida nos va a ayudar a rendir mejor durante el día, propiciar el buen descanso nocturno, mantenernos activos y con un aspecto saludable. Pero ¿qué pasa cuando la comida pasa a controlar nuestro día a día? Que nosotros perdemos el control hacia ella y ella nos domina: en momentos de tristeza, aburrimiento, frustración, nerviosismo, si no tenemos una buena relación con la comida podemos recurrir a ella como “hambre emocional” y a la larga podemos salir perjudicados (aumento de peso, colesterol, triglicéridos, diabetes,…). Para identificar si tenemos hambre emocional es importante tomar conciencia del momento; eso nos va a ayudar a contextualizar el hambre; e identificar si es emocional o fisiológica.
 
El "hambre emocional" aparece de forma precipitada o urgente, exigiendo ser satisfecha de manera inmediata mediante la ingesta de determinados alimentos. Muchas veces, incluso, aún con la sensación de saciedad o con malestar físico se podría seguir comiendo. Este "hambre emocional", aparte, es fácil de identificar porque no genera la demanda de productos saludables como unas manzanas o un puñado de frutos secos, sino todo lo contrario; genera la necesidad de consumir alimentos dulces, salados, con mucha grasa y alto contenido calórico; alimentos que estimulan la liberación de sustancias químicas cerebrales catalogadas como sustancias "de placer", como por ejemplo, serotonina, provocando así una disminución tensional. 
 
Puedes seguir leyendo este artículo en nuestra revista de Octubre 2020. Si todavía no eres suscriptora, haz click aquí.