Lo primero que señalan los expertos de la SELMQ es que antes de decidir aplicar un láser hay que hacer mucho más que echar un vistazo rápido y superficial a la piel. Hay que saber qué se está tratando, por qué, qué parámetros de emisión de la fotoenergía son los adecuados y en qué tipo de paciente se va a utilizar el láser en cuestión. Y es que no todas las pieles responden igual, no todos los inestetismos son iguales (manchas, vello, arrugas, cicatrices...) y no todas las lesiones cutáneas pueden tratarse con láser.
Otra cuestión que se debe tener muy en cuenta es que el riesgo no sólo está en el tipo de dispositivo sino en quien lo utiliza. Desde esta sociedad científica insisten en que actualmente uno de los mayores riesgos es la banalización de este tipo de tratamientos. En muchos casos se elige un centro por cercanía, precio, promociones o publicidad en redes sociales, sin conocer si el profesional dispone de la formación necesaria para prevenir y manejar posibles complicaciones.
La clave, explican los especialistas, está en la indicación médica, el diagnóstico previo, la selección correcta de parámetros de emisión del láser, el conocimiento de la interacción entre la energía y los tejidos y la capacidad de actuar, si aparece una complicación.
Un tratamiento aparentemente sencillo puede acabar en una quemadura, si se aplica demasiada energía; en una hiperpigmentación, si no se valora correctamente el fototipo cutáneo; en una cicatriz, si se trata una zona inadecuada, o en un retraso en el diagnóstico, si se elimina o modifica una lesión que debería haber sido estudiada previamente. Y es que una mancha no siempre es sólo una mancha, por lo que antes de prescribir un tratamiento con láser, hay que descartar que se trate de una lesión sospechosa o que el procedimiento pueda empeorar el problema. Esa valoración no puede sustituirse por una oferta comercial, advierten desde la SELMQ.
Todas estas consideraciones nos llevan a preguntarnos cómo reconocer un centro seguro donde hacerse un tratamiento láser. Desde la Sociedad Española de Láser Médico-Quirúrgico explican que, antes de someterse a cualquier tratamiento con ésta o con otras tecnologías basadas en la emisión energía, un médico debe haber hecho una valoración previa al tratamiento, se debe hablar con el paciente para averiguar cuestiones relacionadas con su tipo de piel, antecedentes, medicación y hábitos de exposición solar. También se le debe de haber explicado qué tipo de lesión tiene e informarlo sobre posibles efectos secundarios. El paciente por su parte debería tener la precaución de asegurarse de que el centro tiene capacidad médica para actuar si algo va mal y, por supuesto, desconfiar de quienes prometen resultados rápidos, baratos o 100% garantizados.
LÁSER EN VERANO ¿SÍ O NO?
El verano añade un factor de riesgo importante a los tratamientos láser. La exposición solar, el bronceado, el calor y la tendencia a buscar resultados rápidos antes de las vacaciones pueden aumentar las complicaciones, si el tratamiento no está bien indicado.
Algunos procedimientos pueden no ser recomendables en determinadas épocas del año o en ciertos tipos de piel y otros requieren evitar el sol antes y sobre todo después, ya que es habitual que tras el láser la piel quede sensibilizada, por lo que si se expone a la radiación solar el riesgo de que aparezcan hiperpigmentaciones se dispara. Por eso, desde la SELMQ insisten en que el calendario del paciente no debe imponerse al criterio médico. No todo lo que el paciente quiere hacerse antes o durante el verano debe hacerse en estas fechas. Hay tratamientos que deben aplazarse, adaptarse o incluso descartarse, si no se dan las condiciones adecuadas de seguridad.