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MÉTODO ZENYA

Por Nueva Estética

La técnica facial Zenya tiene su origen en la tradición oriental y está inspirada en la filosofía zen. Su objetivo es aportar a la persona que lo recibe una relajación profunda. Además de equilibrar la energía interior, esta metodología activa la regeneración y vitalidad de la piel, lo que le convierte, a su vez, en un masaje de efecto antiedad. En definitiva, Zenya constituye una experiencia sensorial de lo más placentera, reconfortante y rejuvenecedora, así nos lo explica Teresa Rota, terapeuta experta en masajes manuales y formadora del método Zenya.

 



Maniobras que transmiten delicadeza y ligereza  
 
Durante la sesión Zenya, la profesional trabaja rostro, cuello y escote mediante una serie de maniobras profundas, incidiendo, sobre todo, en el músculo masetero, ya que de esta forma se induce al cliente a un estado de máxima relajación, se aporta suavidad a los rasgos, a la vez que se realiza un efecto lifting. Para ello, esta metodología asocia distintos pases de masaje:
 
  • Movimientos de masaje lentos y envolventes, que permiten destensionar la musculatura facial. 

  • Presiones digitales suaves, inspiradas en el shiatsu.

  • Estimulación de puntos energéticos, para favorecer la microcirculación.

  • Masaje drenante, para trabajar la zona orbicular y la mandíbula. 
 
Es importante que durante la realización del masaje la profesional tenga un actitud activa y una presencia plena y consciente. Asimismo, debe prestar atención a la respiración del ciente y su nivel energético, para ir adaptando el masaje a sus necesidades. El método Zenya incorpora diferentes herramientas de masaje, así como pequeñas campanas tibetanas, con las que se incide sobre el plexo solar, zona que está estrechamente relaciona con el equilibrio energético (estimula, aporta vitalidad y ayuda a estar más activo, a la vez que mejora la digestión). Lo que convierte a este masaje en un ritual diferencial es su poder para actuar sobre el organismo de manera global, y su capacidad para actuar simultáneamente sobre el cuerpo y la mente.
 
El método Zenya también incorpora pequeños cuencos tibetanos, cuya vibración permite volver a canalizar el correcto fluir de energía interior, y los cuales se posicionan sobre el plexo solar (Manipura) y el chakra del corazón. Estas vibraciones sonoras amplifican la conexión con las emociones creativas y el amor, ayudando a disolver bloqueos internos. Esta parte del masaje es determinante, pues la profesional ha de saber escuchar atentamente el cuerpo y dejarse guiar por la energía que éste transmite. Según el “mensaje” que reciba ha de modular los movimientos y el ritmo de los mismos. Por ello,  cada sesión es una experiencia única e irrepetible. También se emplean pequeños cuencos (Svadhisthana), con los que se trabaja el sacro, una zona que concentra un gran poder energético y ayuda a amplificar la conexión mente-cuerpo. Asimismo, en caso de que la profesional lo considere oportuno, también se pueden trabajar los brazos, para deshacer posibles tensiones.
 
A lo largo del masaje, la profesional efectúa, además, maniobras de masaje intraoral, para liberar la musculatura y mejorar la definición del óvalo facial. Primero se incide sobre esta zona de manera externa y posteriormente se trabaja por dentro de la cavidad bucal, siempre utilizando guantes y siguiendo estrictas normas de higiene. La terapeuta introduce suavemente los dedos en el interior de la boca para trabajar las mejilla desde dentro, mientras la otra mano actúa desde el exterior para crear un efecto de pinza. Este doble punto de contacto permite realizar un masaje de forma simultánea sobre los músculos cigomáticos, los maseteros y otras estructuras internas responsables de la tensión mandibular y de la pérdida de elasticidad. Los movimientos deben ser lentos, controlados y profundos, y tienen como objetivo estimular la microcirculación, reducir la rigidez muscular y mejorar la movilidad de la articulación temporo-mandibular, lo que se traduce en un rostro más relajado y tonificado. En definitiva, este masaje intrabucal destaca por sus múltiples beneficios: aporta bienestar y relajación, a la vez que mejora la calidad de la piel y la armonía facial.
 
Encontrarás el reportaje completo del método Zenya 
en la edición marzo de NUEVA ESTÉTICA.
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