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THE IBRUZ CONCEPT, EL LINFODRENAJE MANUAL DEL SIGLO XXI
Por Nueva Estética
THE IBRUZ CONCEPT es una técnica manual innovadora creada por Juan de Dios Pérez, fisioterapeuta especializado en terapias manuales y linfología, y doctorado en neuro control motor. Se trata de un enfoque totalmente revolucionario que lleva al linfodrenaje a una nueva dimensión. Cada sesión es única e irrepetible, ya que el profesional es quien debe orquestar las maniobras según las necesidades de cada persona y los objetivos que se quieran obtener. dicho de otra manera, la realización de cada movimiento deja de obedecer a un sistema mecanizado para que el profesional tome las riendas de la técnica, haciéndola suya y adaptándola según el propósito que se quiera lograr.
En qué consiste The Ibruz Concept
THE IBRUZ CONCEPT es una nueva manera de entender el funcionamiento del sistema linfático. Se trata de una técnica basada en la evidencia científica, que aprovecha todo el potencial que ofrecen las nuevas técnicas de diagnóstico por imagen, que muestran la anatomía y la fisiología linfáticas y las combina con las maniobras que el propio Emil Vodder diseñó para, así, crear un todo, es decir, una técnica que es capaz de entender cómo trabaja realmente el sistema linfático y cómo se puede reactivar mediante manipulaciones manuales. Pero vamos a profundizar un poco en cómo las manos se puede conseguir este efecto tan potente. Lo primero que debemos entender es que nuestro sistema linfático tiene una estructura completamente diferente a nuestro sistema sanguíneo, aunque ambos forman parte del sistema circulatorio, sus funciones son muy distintas y, por tanto, no se pueden tratar y trabajar de la misma manera. La primera divergencia entre ambos es que siempre se ha considerado al sistema sanguíneo como un circuito cerrado, donde el origen y el fin del circuito es el corazón. Sin embargo, el sistema linfático se plantea como un sistema “abierto”, de manera que el origen y el fin del circuito son diferentes. A nivel linfático, el origen se encuentra en la microcirculación, es decir, en la red de capilares que existen repartidos por todo el cuerpo. Y el fin se encuentra ubicado en los ángulos subclavios, donde se produce una conexión desde el sistema linfático al sistema venoso, de ahí que, en su momento, Vodder nombrara a esta zona como “Terminus”. Sin embargo, esta concepción indujo a un error que perdura hasta nuestros días, ya que el hecho de no tener una bomba hizo creer que el sistema linfático era totalmente pasivo y dependiente de otros sistemas para poder movilizar la linfa por su interior. Desde esta creencia se monta toda una serie de maniobras y técnicas cuyo objetivo era el “vaciado” o la “apertura” del sistema linfático cuando, hoy en día se sabe que, aunque no posee una bomba, sí que existen mecanismos que impulsan la linfa sin necesidad de ir vaciando lo vasos o los ganglios linfáticos. Esa circulación linfática se produce gracias a una estructura esencial en el vaso linfático, el linfangión.
El linfangión es una unidad motora regulada por nuestro sistema nervioso autónomo y que posee, al igual que el corazón, un pulso que se encarga de movilizar la linfa hasta el siguiente linfangión. De ese modo, podríamos decir que el vaso linfático no es más que una sucesión de cientos de miles de linfangiones, que impulsan la linfa desde los capilares hasta los terminus. Esto demuestra que el profesional no debe dedicar muchísimo tiempo a ir abriendo o vaciando al sistema linfático, porque eso exige que para drenar una región distal, se deba gastar una gran cantidad de tiempo y esfuerzo físico. Juan de Dios Pérez, a través de sus investigaciones y su experiencia en el campo de la fisioterapia, demostró que la naturaleza es más sencilla, por lo que los mecanismos del linfodrenaje también debían ser más sencillos. En su concepto se estudia básicamente dos principios: la mecánica del capilar y la mecánica del linfangión. Ambos están íntimamente relacionados, ya que uno se produce como consecuencia del otro. Y de ahí viene el origen del Ibruz Concept, donde el linfodrenajista se dedica a través de la mecánica del capilar a activar la mecánica del linfangión. La mano del profesional abre los capilares linfáticos para conducir la linfa hasta los colectores y linfangiones y son éstos los que, posteriormente, conducen la linfa de manera autónoma hacia los ganglios linfáticos y los conductos más profundos.
Encontrarás el reportaje THE IBRUZ CONCEPT, EL LINFODRENAJE MANUAL DEL SIGLO XXI
en la edición noviembre-diciembre de NUEVA ESTÉTICA.
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