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HACIA UNA MEDICINA ESTÉTICA CON ENFOQUE ÉTICO Y EMOCIONAL
Por Nueva Estética
Las diferentes expectativas que nos impulsan a recurrir a la medicina estética exigen un enfoque profesional que incorpore, no sólo consideraciones estéticas, sino una imprescindible evaluación emocional del paciente. En general, el facultativo se encuentra con pretensiones realistas, pero en algunos casos, aunque minoritarios, puede encontrarse con personas que sufran una percepción alterada de su imagen. En tal situación, un enfoque ético debe conducir al único tratamiento razonable: hacer entender al paciente, com empatía y complicidad, que no necesita ninguna intervención estética.
La inmensa mayoría de personas que acuden a una consulta de medicina estética desean, simple y llanamente, verse mejor, para sentirse también mejor. Son pacientes con expectativas realistas que entienden la medicina estética como una herramienta más dentro de un plan de vida saludable. Es ahí donde esta especialidad despliega todo su potencial de juventud, belleza... y algo más. Y es que realizada con criterio, la medicina estética no sólo mejora un rasgo físico, sino que puede reforzar la autoestima, aumentar la seguridad personal y hacer que el paciente vuelva a exponerse socialmente, afronte nuevos proyectos o recupere antiguos que había dejado de lado.
Lamentablemente, no siempre es así; a veces, los médicos se encontramos con pacientes que no demuestran tener una relación digamos saludable con la medicina estética, por culpa de complejos mal gestionados e incluso por la prevalencia más o menos grave de problemas psicológicos y emocionales.
En el número de octubre de la revista NUEVA ESTÉTICA hemos invitado a la Dra. Berta Villagordo, que es psiquiatra además de especialista en medicina estética, para que explique cómo tratar en consulta a pacientes que han traspasado la línea entre lo que se considera un complejo normal y otro de tintes patológicos. Básicamente se trata de dos tipos de personas: aquéllas cuyo rostro ha perdido la naturalidad, por culpa de un uso abusivo de la medicina estética y más concretamente de los relleos intradérrmicos, y quienes sufren un trastorno dismórfico corporal, situación que se acompaña de un sufrimiento emocional devastador.
La escucha activa, la empatía y la implicación por parte del médico perfilan la medicina estética emocional que debería tomar la palabra no sólo en los casos difíciles, sino siempre, porque también es la base sobre la que diseñar tratamientos que ofrezcan resultados naturales y respondan al momento personal que atraviesa cada paciente.
Encontrarás el reportaje Hacia una Medicina Estética con Enfoque Ético y Emocional
en la edición de octubre de NUEVA ESTÉTICA.
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