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EL MAL HUMOR ENVEJECE

Por Nueva Estética

Coincidiendo con el día de la felicidad este 20 de marzo, es importante saber la importanciaque tienene reír, pues el mal humor, envejece. Nuestros órganos, entre ellos la piel, obedecen a procesos fisiológicos que van variando conforme se pasa de un estado de ánimo a otro. Por ejemplo, el mal humor, además de alterar el organismo, dibuja en el rostro numerosas líneas de expresión. Los expertos de la Clínica Trevi explican cómo el mal humor y otros estados de ánimo afectan a la piel.

 


Antes de entregarnos a la ira y la irritabilidad, debemos tener en cuenta los diferentes perjuicios que éste tiene para la piel: Las líneas de expresión y las arrugas debidas a los gestos realizados; el enrojecimiento del rostro al activarse el sistema circulatorio y comenzar a funcionar mucho más rápido, y por último, la dermatitis, que responde a la inflamación y a la resequedad de la dermis. Por ello, los expertos recomiendan relajarse y, sobre todo, sonreír, aunque no demasiado ni a carcajadas, porque esta mueca también puede llegar a provocar líneas de expresión muy marcadas, especialmente alrededor de la boca y en el surco nasogeniano. 
 
Además del mal humor, existen otras emociones que se experimentan a lo largo de la vida que también pueden afectar a la piel:
 
Estrés. Bajo niveles de estrés, la piel se vuelve opaca por la falta de relajación, a la vez que aparece el acné, debido a la alta producción de cortisona. El estrés también puede causar arrugas y líneas de expresión.
 
Miedo. Ante una situación que provoca temor, los ojos se abrirán mucho más de lo habitual y se levantarán las cejas, provocando arrugas en la frente. 
 
Depresión. Las consecuencias más visibles del rostro cuando se sufre de depresión son la hinchazón de ojos y la aparición de ojeras. También hay que destacar la interrupción en el proceso de regeneración celular, lo que acelera la aparición de líneas de expresión, a la vez que apaga la luminosidad de la piel.
 
Tristeza. Las personas que están tristes no suelen querer salir a la calle, por lo que se verán faltas de Vitamina D, volviéndose su rostro más pálido. Además, cuando se está triste se suele llorar, un gesto que no es bueno para el rostro: las lágrimas deshidratan la piel y pueden provocar la aparición de bolsas y de patas de gallo alrededor de los ojos.
 

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