Protección solar, el paso imprescindible para que la rutina de belleza funcione
La facialista Esther Moreno nos habla sobre el protector solar, el paso clave que determina que la rutina de belleza funcione. “Existe un error de base que no entiende de estaciones y que, compromete, por completo, los resultados de cualquier tratamiento: la falta de protector solar diario. No importa en qué momento del año estemos, la radiación está presente siempre y la piel trabaja bajo esa exposición constante. Si no la protegemos, da igual lo que apliquemos, no va a funcionar”, indica la facialista. La cosmética facial se basa en una estrategia progresiva, cada paso tiene un objetivo concreto y complementario. Sin embargo, este equilibrio se rompe cuando la piel queda expuesta a la radiación sin protección adecuada. “La rutina cosmética es un sistema interdependiente. Pero aquí no hablamos de que pierda un poco de eficacia, hablamos de que sin protección solar deja de tener sentido”, explica Moreno. La radiación ultravioleta actúa de forma silenciosa pero constante, generando estrés oxidativo, inflamación y degradación del colágeno, anulando directamente los beneficios de cualquier tratamiento previo. “Sin protección solar, cualquier activo pierde su eficacia e, incluso, puede aumentar la sensibilidad cutánea. En este contexto, la experta añade: “El protector solar es el único producto que realmente podemos considerar “anti-edad”, porque no trata el daño, lo previene”, constata.
Hay que tener presente que la radiación ultravioleta es el principal factor externo responsable del envejecimiento cutáneo. “Se estima que hasta un 80% del envejecimiento de la piel está directamente relacionado con la exposición solar acumulada. Mientras intentamos estimular colágeno con tratamientos, la radiación lo está destruyendo al mismo tiempo, si no protegemos la piel”, explica Moreno. De ahí que el protector solar constituya el cierre estructural de cualquier rutina facial. “Este no debe ser un añadido, es lo que consolida el trabajo previo”, señala. Para facilitar su aplicación la experta subraya la importancia de que la textura, el acabado y la formulación sea siempre afín el tipo de piel, ya que ello garantiza su uso diario y constante. También hay que tener en cuenta que la fotoprotección actual va más allá de la radiación solar directa. La luz azul, la contaminación ambiental y la exposición lumínica constante también generan estrés oxidativo en la piel. “Pero además del sol, hay que tener en cuenta la piel está también expuesta a un entorno continuo de agresiones de baja intensidad, y eso requiere una defensa constante”, puntualiza Moreno.
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