Sin duda, es importante tener en cuenta que además de llevar una dieta equilibrada, para asegurar la salud cutánea es muy importante consumir suficiente agua, ya que ésta representa aproximadamente el 70% de la composición de la piel. Y en este sentido, la alimentación es crucial para mantener el grado de hidratación cutánea. No hay que olvidar que la deshidratación de ésta se manifiesta con una pérdida de esplendor y de bienestar, así como con una sensación más o menos intensa y persistente de tirantez.
Sabiendo esto, el siguiente paso es analizar los nutrientes implicados en la salud dérmica. Podemos clasificar dichos nutrientes según la cantidad que necesita nuestro organismo: los macronutrientes (hidratos de carbono, proteínas y grasas), que se requieren en grandes cantidades y nos aportan energía, y los micronutrientes (vitaminas y minerales), los cuales hay que tomarlos en pequeñas cantidades y no nos aportan energía. Una dieta equilibrada debe contener todos los nutrientes para que el cuerpo pueda realizar todas sus funciones (reguladoras, plásticas y energéticas). La OMS (Organización Mundial de la Salud) ha establecido los siguientes porcentajes: los hidratos de carbono deben suponer al menos un 55-60% del aporte total; las grasas no deben superar el 30% de las calorías totales ingeridas y las proteínas deben representar el 15% restante. Aunque parece fácil de seguir, la dieta de las sociedades más desarrolladas no cumple estas proporciones y el aporte de grasas y proteínas es mucho mayor de lo que debería. En general, se recomienda reducir la ingesta de grasas saturadas por las poliinsaturadas y las monoinsaturadas, que están presentes en el pescado y en los vegetales.
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