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WELL-AGING, LA LIBERTAD DE CUMPLIR AÑOS
WELL-AGING, LA LIBERTAD DE CUMPLIR AÑOS

 

El concepto del well-aging en cosmética está impulsando una nueva manera de entender el envejecimiento que aboga por una visión más positiva, donde el objetivo no es tanto  detener las agujas del reloj biológico o erradicar la arruga, sino la búsqueda de una belleza atemporal y serena. Y es que la mujer de hoy reivindica la libertad de cumplir años para sentirse radiante en cada una de sus etapas. En definitiva, el well-aging defiende la idea de que la juventud puede vivirse a cualquier edad. 

 

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La piel es el órgano de mayor superficie del cuerpo, es una maquinaria viva cuya complejidad supera con creces cualquier obra de ingeniería moderna. Desde la década de 1980, la investigación dermatológica y cosmética ha pasado de un abordaje meramente superficial a un paradigma molecular en el que se identifican dianas biológicas concretas y se diseñan activos con la selectividad propia de un fármaco. La visión del consumidor también ha cambiado significativamente, evolucionado de un afán transformador, orientado a “detener” el tiempo, hacia un enfoque más natural y holístico que podemos englobar en el término “well-aging” y que busca propiciar un envejecimiento armónico y saludable, cuyo objetivo es que nos sintamos cómodos en nuestra propia piel, así nos lo explica Arkaitz Felices, Management / Care & Beauty de Care, REVIDERM España.

CRONOENVEJECIMIENTO, CUESTIÓN DE GENES

El cronoenvejecimiento, o envejecimiento intrínseco, puede imaginarse como un reloj de arena biológico cuyas partículas de arena fina son los nucleótidos que se desprenden de nuestros telómeros (terminaciones de los cromosomas) con cada división celular.  

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A lo largo de la vida, las células madre reducen progresivamente su tasa mitótica, es decir se ralentiza la división celular y en consecuencia la renovación de la piel. Junto a ello, se detecta una caída de NAD+, cofactor esencial de la sirtuina1, la enzima responsable de mantener el ADN bien enrollado y organizado para que la célula funcione en estado “juvenil”. La disminución de NAD+ compromete la reparación del ADN y favorece la aparición de puntos calientes mutagénicos.
 
En la dermis, la historia no es mucho más prometedora. Un metaanálisis científico señala que, a partir de los 30  años, la densidad media de colágeno tipo I desciende un 1 % por año, mientras que la proporción colágeno III/colágeno I aumenta un 10 % cada década.  Dicho fenómeno se debe a que las fibras gruesas sufren fragmentación por estrés mecánico y actividad de la colagenasa MMP1, generando fragmentos que, paradójicamente, actúan como señales de retroalimentación negativa que inhiben la síntesis de nuevo colágeno. La capacidad de generación de nuevo colágeno de los fibroblastos cae adicionalmente por disfunción mitocondrial. Dicho de otra forma, las células obreras dérmicas pierden energía, están cansadas y no son capaces de llevar a cabo sus funciones rutinarias. El resultado global es una MEC (matriz extracelular) menos densa, con menor resistencia y un índice de recuperación elástica que puede disminuir un 15 % cada década. También hay una disminución significativa de factores de crecimiento esenciales como el VEGF, que asegura un sistema vascular fuerte y vital. Con el avance de la edad, éste se debilita y lleva menos nutrientes y oxigenación a las células impidiendo todavía más su correcto funcionamiento.
 

ENVEJECIMIENTO EXTRÍNSECO, EL MODO DE VIDA LO ES TODO

La genética y el cronoenvejecimiento no son los únicos responsables de los signos de envejecimiento visibles en la piel. En realidad, el exposoma, entendido como la totalidad de exposiciones ambientales y estilos de vida a los que está sometido un individuo desde su concepción hasta el final de su vida, juega un papel crucial. 

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Factores como la radiación solar, el estrés psicológico, la contaminación atmosférica, la dieta o el tabaco favorecen daños al ADN celular y condicionan significativamente la velocidad y la intensidad del envejecimiento cutáneo, contribuyendo a un envejecimiento prematuro y acelerado. Un ejemplo claro para comprender este fenómeno es el caso de los estudios realizados en gemelos idénticos. Aunque éstos parten de un mismo conjunto de genes (es decir, comparten exactamente la misma “suerte genética”) es frecuente observar que, con el paso de los años, presentan diferencias notables en el grado de envejecimiento aparente.
 

EL SIGNIFICADO DE UNA PIEL JOVEN Y LA COSMÉTICA QUE ASEGURA SU BELLEZA

Una piel joven puede definirse, ante todo, como una piel saludable: aquella que no ha acumulado daño celular significativo y mantiene una apariencia uniforme, tanto en tono, textura como en relieve. 

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La clave para mantener una piel visiblemente joven reside precisamente en lograr esta uniformidad, evitando alteraciones como manchas, arrugas profundas o irregularidades en la textura. Para conseguir este objetivo, es fundamental adoptar un estilo de vida que contemple los principales factores implicados en el envejecimiento cutáneo, y desarrollar una rutina cosmética personalizada que considere de forma específica a qué agentes ambientales estamos más expuestos. El concepto de well-aging o “envejecer bien” implica mucho más que limitarse al uso exclusivo de activos populares como la vitamina C o los retinoides; existen múltiples alternativas efectivas para contrarrestar e. incluso. prevenir los distintos mecanismos implicados en el envejecimiento cutáneo.
 
En realidad, una rutina efectiva debe construirse sobre una base sólida que refuerce y repare la función barrera, calme y reduzca la inflamación cutánea, e hidrate profundamente la piel. Asimismo, es indispensable integrar antioxidantes avanzados, capaces de neutralizar eficazmente, tanto el estrés oxidativo como la inflamación crónica de bajo grado (inflammaging), logrando así una protección global que ralentiza el envejecimiento y preserva la juventud de la piel a largo plazo. Sobre esta base sólida, es posible incorporar activos transformadores más potentes, como los retinoides o los ácidos exfoliantes directos, capaces de producir cambios rápidos y notables en el aspecto de la piel. Sin embargo, aún es posible dar un paso más allá, un paso esencial que a menudo se olvida y que consiste en integrar activos optimizadores del metabolismo cutáneo. Estos ingredientes especiales son capaces de reactivar funciones celulares positivas ralentizadas con la edad, así como de desactivar aquellas perjudiciales para la salud de la piel. Aquí destacan especialmente los péptidos señalizadores y las “superproteínas” regeneradoras por excelencia: los factores de crecimiento.
 
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