SUSCRÍBETE

8 Revistas      

ESPECIAL ROSÁCEA Y ACNÉ
ESPECIAL ROSÁCEA Y ACNÉ

 

La rosácea y el acné son dos patologías cutáneas de primer orden que preocupan especialmente a quienes las padecen, en este sentido, hay que tener muy presente que estas alteraciones van más allá del concepto de belleza. Y es que dichas afecciones no solo están relacionadas con la salud de la piel sino que también tienen un gran impacto emocional. por ello, comprender su origen y características es fundamental para ofrecer un cuidado multidisciplinar que garantice resultados a corto y largo plazo. en este especial te explicamos todo lo que debes saber de estas enfermedades cutáneas y los procedimientos que actualmente existen en el mercado para hacerles frente.

 

Leer más

ROSÁCEA, UNA PATOLOGÍA CON SIGNOS PROPIOS
 
Es cierto que la piel con rosácea y la piel sensible presentan ciertas similitudes, pues ambas muestran signos de enrojecimiento e incomodidad, pero hay que tener muy presente que se trata de dos alteraciones muy distintas. Es más, mientras la rosácea es una enfermedad crónica, la sensibilidad es una condición reactiva que puede presentar cualquier tipo de cutis, así nos lo explican ARKAITZ FELICES, Management / Care & Beauty Care, REVIDERM España y DANIEL GARCÍA, Manager Técnico / Care & Beauty Care, REVIDERM España.
 
La rosácea es una enfermedad inflamatoria crónica que afecta la piel del rostro y que presenta características distintivas y mecanismos patogénicos específicos que la diferencian de otras dermatosis. La rosácea se manifiesta típicamente por enrojecimiento centrofacial, telangiectasias y brotes de pápulas y pústulas, lo que refleja su componente vascular e inflamatorio combinado. Esta patología, a menudo, sigue una progresión a través de distintas fases, aunque no todas las personas experimentan cada una de ellas:
 
Rosácea preliminar o telangiectásica 
Caracterizada por eritema fugaz o rubor periódico, que aparece y desaparece.
 
Rosácea eritematosa o eritemato-telangiectásica 
Se distingue por un enrojecimiento facial persistente y la aparición de telangiectasias. Esta fase se sustenta en una marcada inestabilidad vascular cutánea, donde los vasos sanguíneos de la zona centrofacial se dilatan con facilidad y de forma persistente, tardando en recuperar su estado normal tras la exposición a desencadenantes.
 
Rosácea pápulo-pustulosa 
En esta fase, el eritema persistente se acompaña de pápulas inflamatorias y/o pústulas, y en ocasiones, edema. Esto refleja una activación exagerada de la inmunidad innata en la piel, con niveles elevados de TLR-2 (receptor tipo Toll) y péptidos antimicrobianos proinflamatorios como la catelicidina LL-37.
 
Rosácea fimatosa o hiperplásica 
Esta fase avanzada implica una hiperplasia, es decir, un crecimiento excesivo del tejido conectivo y de las glándulas sebáceas, lo que conduce a un engrosamiento irregular de la piel, siendo la rinofima (engrosamiento de la nariz) la manifestación más conocida. Este proceso está vinculado a la inflamación crónica que activa las metaloproteinasas de matriz (MMPs), enzimas que degradan la matriz dérmica y todas sus fibras.
 
Rosácea ocular 
Caracteriza por un ojo seco, con sensación de arenilla o cuerpo extraño, escozor, quemazón, lagrimeo, fotofobia y visión fluctuante. Entre los signos más comunes se observan telangiectasias, hiperemia conjuntival y secreción espumosa.

MECANISMOS ESPECÍFICOS DE LA ROSÁCEA

La rosácea se distingue por una serie de mecanismos patogénicos particulares que la diferencian de otras condiciones de sensibilidad cutánea.

Leer más

Alteraciones vasculares y neuroinmunes 
La inestabilidad vascular cutánea es una característica central de la rosácea. Los pacientes experimentan una vasodilatación evidente y persistente en la zona centrofacial, manifestada clínicamente como rubor súbito (flushing) y eritema crónico. Esta hiperreactividad está mediada, en parte, por neuropéptidos como la sustancia P y el CGRP, liberados por las fibras nerviosas sensoriales ante desencadenantes como comida picante, calor o estrés, provocando una intensa vasodilatación acompañada de inflamación. Además, la degranulación de mastocitos, inducida por estos neuropéptidos, libera histamina y otros mediadores vasodilatadores que amplifican el enrojecimiento. A nivel inmunológico, la rosácea muestra una activación exagerada de la inmunidad innata, con niveles elevados de TLR-2 y péptidos antimicrobianos (PAMs), como la catelicidina LL-37, un péptido proinflamatorio que, cuando se activa en exceso, promueve la vasodilatación y el reclutamiento de glóbulos blancos (neutrófilos). De hecho, la LL-37 inducida en la rosácea provoca eritema, rubor y la formación de nuevos vasos (telangiectasias), al actuar sobre el endotelio, la pared vascular, y liberar citocinas angiogénicas. Esta combinación de disfunción neurovascular e inmunidad innata hiperactiva es un sello distintivo de la rosácea, y lo que explica su presentación clínica de enrojecimiento persistente con brotes inflamatorios.
 
Rol del óxido nítrico (NO) y el VEGF 
En la piel con rosácea se han detectado niveles aumentados de óxido nítrico (NO), una molécula vasodilatadora producida por la enzima iNOS en condiciones de inflamación. El exceso de NO cutáneo contribuye a la vasodilatación sostenida y a la extravasación de plasma, lo que se traduce en edema facial y empeoramiento del eritema. Adicionalmente, ciertas citocinas elevadas en la rosácea, como la IL-17 inducen el factor de crecimiento vascular endotelial (VEGF), un potente promotor de la angiogénesis.
 
Se ha observado una sobreexpresión de VEGF en la piel con rosácea, lo que estimula la proliferación y dilatación de capilares que resultan en las telangiectasias visibles típicas de la enfermedad. La radiación ultravioleta agrava este efecto, al incrementar la producción de VEGF y factores fibroblásticos, facilitando la formación de nuevos vasos sanguíneos en la dermis. En conjunto, el NO perpetúa la vasodilatación y el edema, mientras que el VEGF contribuye a la neovascularización patológica, siendo ambos responsables de los cambios vasculares crónicos observados en la rosácea avanzada.
 
Degradación de la matriz dérmica y fragilidad 
La inflamación crónica en la rosácea activa enzimas proteolíticas conocidas como metaloproteinasas de matriz (MMPs). Diferentes estudios han demostrado que la piel con rosácea presenta niveles elevados de MMP-1, MMP-2 y MMP-9 en comparación con la piel sana. Estas MMPs degradan componentes esenciales, como el colágeno, la elastina y otras proteínas de soporte de la dermis. Como resultado, el tejido conjuntivo de soporte se debilita, lo que favorece una piel más frágil, susceptible a daños y con tendencia al edema.
 
Asimismo, la luz UV agrava esta situación, ya que la UVA induce MMP-1 y el estrés oxidativo activa MMP-2, acelerando la destrucción de la matriz extracelular. Además, la inflamación neurogénica, mediada por mastocitos, eleva la MMP-9, cerrando un círculo de daño. La consecuencia clínica a largo plazo es la pérdida de elasticidad y el engrosamiento irregular de la piel (especialmente en subtipos como la rosácea fimatosa), así como una mayor visibilidad de los vasos, al perder soporte y dilatarse más. En resumen, la rosácea no solo se traduce en una inflamación, sino que afecta la estructura  de la dermis, haciéndola menos resistente.
 
Proliferación de Demodex y disfunción inmune
Otro rasgo distintivo de la rosácea es la frecuente proliferación del ácaro Demodex folliculorum en la piel afectada. Este ácaro comensal habita normalmente en los folículos pilosebáceos, alimentándose de sebo. En la rosácea, se ha encontrado una densidad significativamente mayor de Demodex en las lesiones, lo que lo implica como un posible desencadenante inmunológico. La presencia excesiva de Demodex y de bacterias asociadas a él, como Bacillus oleronius, activa los receptores TLR-2 en queratinocitos y células inmunitarias cutáneas, iniciando una cascada inflamatoria. Asimismo, el Demodex se relaciona con la hipersecreción sebácea en algunas rosáceas: los folículos ricos en sebo favorecen su proliferación y la reacción inmunológica resultante puede exacerbar la producción de sebo e inflamación, creando un círculo vicioso. La presencia de Demodex también activa linfocitos B productores de citocinas fibrogénicas (IL-6, TGF-β), contribuyendo a cambios crónicos como fibrosis y engrosamiento cutáneo. Aunque el Demodex folliculorum también reside en pieles sanas, en la rosácea hay una disfunción inmunitaria que convierte a este habitante normal en un “gatillo inflamatorio”.
 
En síntesis, la rosácea puede describirse como un síndrome neuro-inmuno-vascular. Comparte la base de barrera cutánea frágil y reactividad neural de la piel sensible, pero añade un componente vascular inflamatorio crónico, manifestado como rubor y telangiectasias, y una respuesta inmunitaria exagerada a los microbios cutáneos, con péptidos antimicrobianos desregulados y Demodex, como factor agravante. Estos mecanismos específicos la distinguen de otras dermatosis. Todo ello evidencia que la rosácea es una enfermedad compleja, pues en su desarrollo están involucradas múltiples vías patológicas interconectadas, de manera que una intervención única difícilmente logrará un control completo y duradero. Esta interrelación de desencadenantes subraya que para tratar de manera exitosa la rosácea se requiere una estrategia multifacética que aborde todos estos factores de manera simultánea o secuencial.
 
Además, la observación de que la rosácea no solo causa inflamación, sino que también “desestructura” físicamente la dermis, haciéndola menos resistente y más propensa a cambios sustanciales que derivan en telangiectasias o el engrosamiento, enfatiza la urgencia de una intervención temprana y mantenida en el tiempo. Prevenir o minimizar estas modificaciones irreversibles es crucial para el pronóstico a largo plazo. Esto implica que las soluciones de cuidado de la piel deben ir más allá del simple alivio sintomático, buscando fortalecer la arquitectura dérmica y modular los procesos que conducen a la aparición de la rosácea.
 

ACNÉ: SU ABORDAJE EN EL CENTRO DE ESTÉTICA

El acné es una afección que se origina en el folículo piloso, estructura en la que se localizan las glándulas sebáceas, órganos microscópicos encargadas de producir sebo, para mantener lubricados piel y cabello, y que por su función y localización tienden a acumular residuos, toxinas y células muertas. 

Leer más

Cuando aumenta de manera anormal la producción de sebo o la presencia de sustancias de desecho se produce la obstrucción del conducto excretor de la glándula sebácea, lo que genera una proliferación bacteriana que desata un proceso de inflamación, responsable de la aparición del acné. Esta alteración puede presentar diferentes niveles de afectación, hecho que determina el tipo de lesión cutánea que provoca: comedones, pápulas o pústulas. 
 
Verónica López Alba, esteticista y directora del Centro Verónica López, se encargada, en el Especial Rosácea y Acné de la edición de octubre de NUEVA ESTÉTICA, de explicarnos qué es el acné y qué factores provocan su aparición. A continuación, detalla cómo abordar su tratamiento en el centro de estética. Así, esta experta subraya la necesidad de realizar un diagnóstico preciso del tipo de acné y antes de abordar el tratamiento específico, preparar la piel con una higiene profunda, que además de limpiar, oxigene, calme y equilibre el balance grasa-agua.
El trabajo de la esteticista es siempre mejorar el estado de la piel. En pieles acneicas esta premisa exige disminuir la actividad de la glándula sebácea, drenar su conducto excretor, liberar los poros de toxinas, grasas y queratina y frenar el proceso inflamatorio.

TÉCNICA MECÁNICA PROFESIONAL PARA PIEL ACNEICA

Neivis A. Pérez H, Gerente de Grupo Tita Pérez Studio, ha desarrollado un protocolo terapéutico altamente especializado en pieles con tendencia al acné, que combina: maniobras dermoestéticas + una tecnología mecánica única + la acción de cosméticos específicos. 

Leer más

Este programa está indicado para pieles con acné activo (comedogénico, papuloso o pustuloso), fototipos sensibles o con hiperreactividad dérmica, pieles con secuelas postinflamatorias y cicatriciales, desequilibrios hormonales en adolescentes o adultos y personas que buscan una solución no invasiva, sin efectos secundarios ni agresiones químicas.
 
Los resultados son realmente fascinantes, pues se logra una disminución gradual del acné inflamatorio y no inflamatorio, reducir eritemas, pápulas y pústulas, mejorar significativamente la textura y densidad de la piel, atenuar las hiperpigmentaciones postinflamatorias, unificar el tono y restaurar la luminosidad, estimular la regeneración celular y producción de colágeno y mejorar la confianza y el bienestar emocional de los pacientes. 
 
Encontrarás el Especial Rosácea y Acné en la edición
de octubre de NUEVA ESTÉTICA.
Si no estás suscrito, hazlo AQUÍ