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ESPECIAL PRO JUVENTUD
ESPECIAL PRO JUVENTUD

 

Para la mujer moderna, cosmopolita y activa, cumplir años sigue siendo motivo de celebración. Todas las edades tienen su encanto y pasada la franja de los 50, ¿por qué iba a ser diferente? La madurez otorga a la mujer una belleza serena, que llevada con clase y con un ritual de cuidado acertado le permitirá seguir viéndose igual o más atractiva que antes. Nosotros, desde nueva estética, queremos ser el altavoz de esas mujeres empoderadas, inspiradoras e irresistiblemente únicas. Por eso, este especial, lógicamente, habla de cambios... cambios en las estructuras cutáneas, cambios hormonales, cambios en el ADN celular; en definitiva, cambios en la biología de la piel. Pero también habla de aceptar estos cambios con seguridad y serenidad, porque aunque éstos se reflejan en el exterior, son también la huella de haber vivido, de haber soñado y de haber disfrutado. Lo importante es cumplir cada edad con acierto y elegancia, sabiéndose acompañar en cada etapa de la vida de los tratamientos pro-juventud más adecuados. Por eso, en estas páginas te descubrimos los cosméticos más punteros, los equipos más poderosos y las técnicas más vanguardistas que reivindican un mismo mensaje: la esencia de la belleza está en “sentirse” jóvenes eternamente. 

 

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ADN CUTÁNEO, hardware de juventud
El ADN de las células cutáneas contiene todas las instrucciones necesarias para crear y mantener la vida y la juventud de la piel, pero es una molécula extremadamente sensible a las agresiones internas y externas. Estos “ataques” son los responsables de diferentes daños estructurales, que tienen un efecto acumulativo en la piel, acelerando, por ende, el proceso de envejecimiento. Existen distintas teorías sobre las causas y los efectos del envejecimiento. Sin embargo, todos los signos fisiológicos relacionados con este proceso degenerativo se deben a la acumulación de errores en los patrones de expresión génica, que contienen las instrucciones para el funcionamiento de las células. Por ello, el secreto de la juventud de la piel consiste en retrasar o revertir la acumulación de daños en el ADN, para asegurar que toda la maquinaria celular siga funcionando adecuadamente. En este Especial, la Dra. Elisa López, Directora General de Gattefossé España S.A nos explica todo lo que necesitamos saber al respecto.

ENVEJECIMIENTO, MUCHO MÁS QUE EL PASO DEL TIEMPO

Hasta un 60 % del envejecimiento cutáneo se debe a factores genéticos, mientras que el otro 40 % depende de factores externos, aunque lo cierto es que tanto el envejecimiento cronológico o intrínseco como el fotoenvejecimiento o envejecimiento extrínseco están asociados con daños en el ADN.

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Con el paso del tiempo se van acumulando daños en el ADN por fallos en nuestros propios procesos internos. El problema es que éstos se unen a los daños oxidativos, directos e indirectos, causados por las agresiones ambientales, como el humo del tabaco, la polución, el estrés, pero, sobre todo, por la exposición prolongada a la radiación ultravioleta (UV). Normalmente, estos daños son correctamente reparados, pero si las lesiones no se corrigen, pueden impedir que las células funcionen de manera adecuada e inducir al envejecimiento.

QUÉ SUCEDE CUANDO LOS DAÑOS SE ACUMULAN EN EL ADN DE LA PIEL

Los daños en el ADN, por un lado, pueden disminuir la síntesis de componentes clave para la piel, como los lípidos epidérmicos, que aseguran su nutrición y su impermeabilización, las proteínas de soporte, que mantienen la tersura de la piel, o las enzimas relacionadas con el control del ciclo celular, que regulan su renovación.

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Además, las mitocondrias, encargadas de aportar a la célula la energía que necesita, van reduciendo su actividad y esto hace que las células tengan menos energía, estén más cansadas y no pueden sintetizar proteínas, ni renovarse adecuadamente. También disminuye la capacidad de reparar y estabilizar al propio ADN, por lo que cada vez se van acumulando más daños. Estos cambios conducen a un adelgazamiento generalizado de la epidermis y un debilitamiento de la función barrera que disminuye la protección de la piel, haciendo que se debilite, y que deje de ser capaz de mantener unos niveles de hidratación adecuados. Además, se reduce el potencial proliferativo de las células madre, con lo que la regeneración celular es menos efectiva, y se aplana la unión dermoepidérmica, lo que limita la comunicación y el paso de nutrientes entre la epidermis y la dermis. El resultado: la piel está cada vez más apagada y desvitalizada. A niveles más profundos, los fibroblastos pierden funcionalidad y se reduce la síntesis de colágeno y elastina, así como otros componentes de la matriz extracelular, con lo que las estructuras encargadas del sostén y el soporte de la piel se deterioran y aparecen la flaccidez y las arrugas. Sin embargo, los daños genéticos no sólo regulan a la baja ciertos procesos, sino que también pueden amplificar otros, como los que afectan a los genes que participan en la respuesta apoptótica, acelerando la muerte de células que aún no tendrían que destruirse. También pueden activar determinadas cascadas de señalización, dando lugar a reacciones inflamatorias y aumentando las respuestas hiperpigmentarias en los melanocitos, con lo que surgen las manchas de la edad en la piel, conocidas como léntigos.
 
La integridad del genoma nuclear es, por tanto, esencial para preservar la morfología, la funcionalidad y la homeostasis celular y tisular en la piel. Por ello, existen, de forma natural en el organismo, una serie de mecanismos de control y sistemas de reparación, que trabajan de forma coordinada e integrada para responder eficazmente a los daños producidos en el ADN. Sin embargo, cuando las lesiones son persistentes, o no se pueden reparar adecuadamente, el ADN dañado se vuelve inestable, y se detiene el ciclo celular. Esta paralización activa una cascada de señales moleculares, que hacen que la célula entre en apoptosis o en senescencia, como mecanismo de protección, para evitar que los daños se puedan replicar en otras células y multiplicarse. El problema es que, tanto la senescencia como la apoptosis celular son procesos altamente relacionados con el envejecimiento porque suponen o bien, la muerte celular o bien una disminución de la capacidad de la célula para realizar correctamente sus funciones.
 
 

JUVENTUD DE ALTO VOLTAJE

Los equipos especializados en revertir las señales de la edad en el rostro toman un nuevo impulso, gracias a avances y mejoras que garantizan una aplicación cada vez más segura, precisa y eficaz. Radiofrecuencia, ultrasonidos HIFU, musculación facial, fototerapia, dermopunción...  son muchas las tecnologías que entran en juego, cuando se trata de salvaguardar la juventud de la piel, con resultados visibles y duraderos.
 
 
 

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En el Especial ProJuventud de la edición de marzo de NUEVA ESTÉTICA también hacemos un repaso detallado de las tecnologías que suman enteros cuando se trata de borrar arrugas, corregir la flacidez, definir el óvalo facial, unificar el tono... en definitiva, todos los agentes tecnológicos que actúan en el interior y en el exterior de la piel, para que el impacto del paso del tiempo sea el mínimo posible. 
Este apartado lo complementamos con la presentación de los equipo que, a día de hoy, cumplen con este cometido y lo hacen, además, con matrícula de honor.
 
 
Lee el Especial ProJuventud en la edición de marzo de NUEVA ESTÉTICA.
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