Uno de los factores relacionados con su formación es la hipertrofia de los adipocitos, es decir, el aumento del tamaño de las células grasas. Este proceso genera presión sobre los vasos sanguíneos y linfáticos cercanos, lo que provoca alteraciones en la microcirculación y acumulación de líquido intersticial (edema). Como consecuencia, se produce una menor oxigenación del tejido y se inicia un proceso inflamatorio de bajo grado.
Paralelamente, los septos fibrosos de colágeno, que conectan la dermis con las capas profundas del tejido subcutáneo, pueden engrosarse y retraerse. Esta tensión tira de la piel hacia abajo mientras los lóbulos grasos protruyen hacia arriba, originando las depresiones características de la celulitis.
Los factores hormonales, especialmente los estrógenos, también desempeñan un papel clave. Estas hormonas influyen en la distribución de la grasa corporal, la permeabilidad vascular y la estructura del tejido conectivo, lo que explica por qué la celulitis es mucho más frecuente en mujeres y suele aparecer tras la pubertad.
En conjunto, la evidencia científica actual señala que la celulitis se desarrolla por la interacción de hipertrofia del tejido adiposo, alteraciones microcirculatorias, inflamación local y fibrosis del tejido conectivo.
GRASA LOCALIZADA
La grasa localizada responde a una acumulación regional de tejido adiposo subcutáneo en zonas específicas del cuerpo. Se produce cuando los adipocitos (células grasas) almacenan triglicéridos en mayor proporción de lo que el organismo moviliza mediante procesos metabólicos, como la lipólisis. Su aparición está influida por factores hormonales, genéticos y metabólicos. Las hormonas, como los estrógenos, la insulina y el cortisol, regulan el almacenamiento lipídico, lo que explica la distribución característica de la grasa según sexo y perfil endocrino. Desde el punto de vista fisiológico, el proceso de acumulación de grasa está relacionado con factores como el balance energético positivo (exceso calórico), lipogénesis (conversión de glucosa y ácidos grasos en triglicéridos), hipertrofia adipocitaria (aumento del tamaño de los adipocitos) y alteraciones microcirculatorias locales que favorecen la retención de lípidos.
La grasa localizada tiende a depositarse en áreas con mayor densidad de receptores hormonales que favorecen la lipogénesis. Por ejemplo, en mujeres suele acumularse en abdomen inferior, caderas, muslos externos (cartucheras), glúteos y zona posterior del brazo. En hombres, este exceso de grasa se localiza, principalmente, en el abdomen central (grasa visceral y subcutánea), flancos o “michelines”, zona lumbar y pecho (ginecomastia grasa o pseudoginecomastia)