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PIEL GRASA Y MIXTA

Por Nueva Estética

Si tuviéramos que definir a las pieles mixtas y grasas, diríamos que se tratan de cutis con personalidad algo complicada. Y es que su biología particular les convierte en todo un reto para la esteticista. Caprichosas como nadie, ellas reclaman un cuidado hidratante a la altura de sus expectativas y no se conforman con menos.

 


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Así es, lo que diferencia a las pieles normales de las grasas es precisamente un “asunto de porcentajes”. Mientras la primera posee un correcto equilibrio entre agua-sebo-flora bacteriana, en la segunda no se respecta dicha proporción. Y es precisamente este desequilibrio el que explica las irregulares estéticas típicas de este tipo de cutis. Veamos, más detenidamente cual es la raíz del problema. Sabemos que la piel produce grasa de forma natural a través de la glándula sebácea situada en la dermis. Esta sustancia se conoce comúnmente como sebo y está compuesto por 15% de escualenos, 60% de triglicéridos y 25% de ceras. El sebo sale al exterior por un pequeño conducto que va desde la glándula hasta la superficie cutánea a través del folículo piloso. Su función principal es ayudar a que las células de la piel se adhieran unas a otras, favoreciendo su cohesión interna y, por tanto, mejorando su apariencia externa. Es importante tener en cuenta que las glándulas sebáceas, anexas a cada folículo piloso en la parte intermedia de la dermis, son más numerosas en el rostro, especialmente en la zona T (en esta área concreta se concentran de 400 a 900 glándulas por cm2, un nivel altísimo si lo comparamos con la piel de los senos que solo posee de 60 a 80). Estas glándulas están constituidas por varias capas celulares: en la periferia se encuentra una capa de células germinales indiferenciadas, y en el centro se localizan los sebocitos, células productoras de sebo. Las células germinales situadas en la periferia se dividen y, empujadas por las nuevas generaciones, emigran hacia el centro de la glándula: en dos semanas, se diferencian en sebocitos y sintetizan sebo, el cual incrementa su volumen. Directamente por la influencia hormonal, esta diferencia sebocitaria es más importante en las pieles grasas o mixtas. En ocho días, los sebocitos se transforman en células maduras repletas de lípidos: al llegar al término de su vida, se desintegran y liberan en el canal pilosebáceo el sebo que contenían. La cantidad de sebo normalizante liberado para garantizar la función de barrera de la piel en las zonas seborreicas es de 200-400 μg/cm2, debido a la importancia de la actividad sebocitaria. Cuando esta glándula controladora de la grasa “pierde el control”, la producción de sebo sobrepasa los niveles normales. Es entonces cuando decimos que nos encontramos frente a una piel grasa. Pero el exceso de grasa no es el único problema de este tipo de cutis. La hiperqueratización y el desequilibrio de la flora microbiana son también algunos de los inconvenientes a los que debe enfrentarse. La hiperqueratinización es el resultado de una excesiva acumulación de las células muertas en la superficie de la epidermis, que conduce a la obstrucción de los poros, y la posterior  aparición de comedones. En lo que respecta al desequilibrio de la flora microbiana, cabe decir que ésta no es más que una consecuencia de la desproporcionada actividad sebácea, que provoca un desequilibrio microbiano que invade el comedón originando un proceso inflamatorio.
 
Su razón de ser… Las causas que explican la formación de una piel grasa son diversas, pues su biología está sujeta a factores internos y externos: 
 
Causas internas. El principal motivo del exceso de sebo se debe a la encima hormonodependiente 5 α reductasa, que desempeña una función clave en la estimulación de la glándula sebácea. Otro de los determinantes clave es la  predisposición genética, pues la estructura de la glándula sebácea y el tamaño de los folículos pueden determinar la mayor o menor actividad de las glándulas. Imprescindible nombrar también la influencia de los factores hormonales. Durante la pubertad, el nivel de andrógenos aumenta considerablemente, favoreciendo el desequilibrio del mecanismo de la secreción del sebo. 
Causas externas. En este apartado cabe mencionar como uno de los principales culpables los agentes climáticos. Concretamente, las pieles que se exponen a ambientes cálidos y húmedos están más predispuestas que otras. De hecho, cuando la temperatura exterior y la higrometría se incrementan, las secreciones sebáceas aumentan vertiginosamente. No hay que olvidar que el estrés es otro de los detonantes clave, pues en situaciones límites o de mucho nerviosismo, la producción de sebo se incrementa a cuotas insospechadas. Otro factor a tener en cuenta es una alimentación desequilibrada. Los condimentos y el alcohol son estimulantes que aumentan indirectamente la actividad sebácea. Finalmente, nombrar la contaminación y la acción de aire acondicionado o el sol, factores también implicados en su aparición. 
 
Piel mixta, con doble personalidad
 
Este tipo de cutis destaca por su paradójica biología, ya que en algunas zonas presenta un exceso de grasa, mientras que en otras, muestra una gran sequedad. Aunque es uno de los más frecuentes, también es el más difícil de tratar debido a que sufre los inconvenientes típicos de dos tipos de pieles: secas y grasas. Esta “doble personalidad” hace que requieran un cuidado distinto para cada zona específica. La parte que suele presentar más problemas de grasa se sitúa en lo que se denomina zona T, que engloba frente, nariz y barbilla; mientras que las mejillas, contorno de ojos y cuello manifiestan una cierta sequedad. Esta “bipolaridad” típica de los cutis mixtos responde sobre todo a un desequilibrio en la tasa de lípidos. 
 
Doblemente vulnerable… Frecuentemente, las pieles mixtas suelen tener problemas de acné, presentan puntos negros y pequeños granos, que son el resultado de una mayor secreción sebácea. Este exceso de grasa obstruye los poros de la piel y crea focos de irritación. Pero esto no es necesariamente siempre así, en ocasiones, este tipo de cutis sufre sólo los problemas típicos de una piel grasa, sin llegar a manifestar en ningún momento síntomas de acné. Eso sí, hay que tener en cuenta que, al envejecer, los cutis mixtos suelen presentar las alteraciones habituales de una piel seca, pues con el paso de los años pierden gran parte de su luminosidad y manifiestan una progresiva sensación de tirantez, así como arrugas en la frente, alrededor de los ojos y en las comisuras de los labios.
 
Por si esto fuera poco, la gran cantidad de agentes externos que afectan a la salud de la piel inciden con mayor impacto sobre ellas. Así, los cambios climáticos, humedad-sequedad del ambiente, contaminación... ocasionan importantes alteraciones tanto en la dermis como en la epidermis, causando irregularidades en su funcionamiento interno, que producen un desequilibrio en la producción de grasa y en su control hídrico. Otros factores como el estrés, el alcohol, el tabaco y una mala alimentación también ponen en peligro su “delicada belleza”. Es más, ciertos estados de ánimo como cuadros de ansiedad, pueden llegar a alterar su fisiología cutánea, provocando alteraciones en el sistema hormonal encargado de controlar su correcta “tasa de grasas”. 
 
Proceso de hidratación 
de la pieles mixtas y grasas
 
No es ningún secreto, a medida que pasan los años, la cantidad de agua, tanto en las pieles mixtas como grasas disminuye progresivamente. 
 
Como dato relevante, decir que el peso de agua en la piel es aproximadamente de un 70%. Concretamente la capa córnea de un cutis joven posee alrededor de un 13%, pero este nivel decrece hasta un 7% debido al paso del tiempo. Se trata de un fenómeno común en todo los tipos de pieles, que por supuesto, afecta también a las grasas. El contenido en agua en el estrato córneo juega un papel crucial en el mantenimiento de la suavidad y elasticidad de la piel, y por consiguiente, influye directamente en su aspecto y rugosidad. El aspecto de una piel grasa deshidratada es brillante, pero de aspecto marchito y apergaminado, con una evidente falta de tersura. Presenta un poro abierto y la superficie muestra problemas de queratinización. Además, la falta de agua disminuye el poder regulador del pH por lo que, a pasar de ser grasa, soporta mal el jabón y los detergentes. Por si fuera poco, la deshidratación mengua en gran medida su poder defensivo, por lo que se muestra más fácilmente irritable, y con tendencia a la descamación.
 
Existen dos fuentes principales que proveen de agua a la capa córnea: una es el sudor y otra se produce a través de la difusión transepidérmica que está bajo el control de la permeabilidad del vapor de agua de la propia capa córnea. El proceso de deshidratación de la piel se genera cuando existe una pérdida de agua por evaporación superior a la cantidad de agua que la piel recibe a través de las dos vías citadas anteriormente. En este proceso están implicadas también las condiciones ambientales, que influyen en gran manera en el estado de hidratación de la piel. Así, un cutis expuesto a un clima seco o ventoso se deshidrata más rápidamente. Pero no hay que olvidar que la piel es un órgano inteligente, y posee sus propios mecanismos de regulación del nivel de agua que controlan su grado de humedad. El más importante es el denominado Factor Hidratante Natural, conocido por las siglas NFH. El NFH, formado por una mezcla de varios componentes que conforman una solución de gran capacidad retentiva líquida, representa alrededor del 20% del peso de la capa córnea. 
 
Entre los dos componentes fundamentales del NFH destacan el lactato de sodio, una sustancia que actúa aumentando la cantidad de agua absorbida por la capa córnea; y el ácido 5-oxo-pirrolidin-2-carboxílico, más conocido por PCA, capaz de retener un 60% de agua por encima de su propio peso. El PCA se sintetiza en la epidermis, gracias a un aminoácido que se denomina ácido glutámico. Basándose en la importancia que adquiere el NFH en el proceso de hidratación y, por consiguiente en la juventud de las pieles mixtas y grasas, la profesional debe convertirse en la mejor consejera de belleza y ha saber escoger aquéllos productos que, por su formulación activa, se adecuen a las necesidades de cada uno. En lo que respecta a la hidratación de las pieles grasas, es preferible no utilizar cosméticos que incluyan sustancias con bajo poder de penetración y de aspecto brillante, pues éstos no harán más que agravar el problema. Los emulsionantes más adecuados son los denominados no iónicos. Asimismo, resultarán más eficaces los cosméticos que incorporan algunas sustancias principales del NFH. Finalmente, hacer hincapié en que cualquier emulsión para el tratamiento de las pieles grasas deben ser del tipo aceite en agua y, tener un bajo contenido graso.
 
La acción de los UV… Es indudable que la exposición al sol es uno de los factores externos que más influye en el proceso de deshidratación. Eso sí, en las pieles grasas, al poseer una emulsión epicutánea de fase externa oleosa, la deshidratación por evaporación del agua es menor que en una piel alípica. Sin embargo, el fenómeno existe y es importante tener presente que los baños de sol producen, además de un engrosamiento de la capa córnea, una alteración en el nivel del Factor Hidratante Natural, impidiendo a la piel que mantenga su  grado de hidratación óptimo.