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ESTÉTICA ONCOLÓGICA: CUIDAR LA IMAGEN CUANDO MÁS SE NECESITA

Por Nueva Estética
Los tratamientos de quimioterapia y radioterapia causan estragos en la piel, uñas, cabello… Una vez más es la esteticista quien, con la formación adecuada, puede paliar estos efectos secundarios y contribuir a mejorar la imagen y el estado de ánimo de quienes pasan por este trance.
 


Las diferentes terapias que tiene a su alcance la medicina para hacer frente al cáncer en sus diferentes manifestaciones son cada vez más eficaces; una esperanzadora noticia que es aún más positiva si tenemos en cuenta que también se está avanzando para que las secuelas físicas, especialmente de la quimio y la radioterapia sean también menores. Sin embargo, algunos efectos secundarios siguen siendo inevitables y suponen una fuente de malestar, que es necesario aliviar para mejorar la calidad de vida del enfermo y su estado de ánimo. A continuación, proponemos un repaso de las alteraciones estéticas derivadas de las terapias oncológicas.

 

El gran problema: MÁXIMA SENSIBILIDAD
PIEL El tejido cutáneo de todo le cuerpo se resiente de manera evidente por culpa, sobre todo, de la quimioterapia. En algunos casos, esta medicación altera el equilibrio hídrico haciendo que la piel sea incapaz de eliminar el el líquido acumulado, con la consiguiente hiperhidratación e hinchazón del tejido, aunque la reacción más habitual es un descenso en picado del nivel de hidratación, que la piel se vuelva frágil, irritada y extremadamente sensible.
DESHIDRATACIÓN Una correcta hidratación es clave en la salud y el buen aspecto de la piel. En situaciones normales, ésta contiene un 70% de agua, de la cual un 13% se distribuye en la capa córnea; y es precisamente esta agua la responsable de proporcionar tonicidad, flexibilidad, permeabilidad y de garantizar que el tejido cutáneo cumpla con su función barrera. Esta capa externa cuenta con una serie de sustancias directamente involucradas en el mantenimiento de una óptima hidratación, por un lado, la película hidrolipídica, que absorbe el agua y evita su evaporación, y por otro las moléculas NMF, factores humectantes naturales que fijan el agua en la superficie. Cuando dichos mecanismos se alteran y se produce una pérdida excesiva de agua, sin que se reponga, la piel entra en fase de deshidratación. Los cuadros de xerosis (sequedad y deshidratación) acompañados de dermatitis exfoliativa son muy comunes  en pacientes tratados con quimioterapia, ya que estos fármacos aceleran los procesos de renovación celular en la piel, lo que conlleva una pérdida excesiva de fluidos intercelulares. El resultado es una piel seca, descamativa, agrietada y extremadamente sensible, por este motivo pueden manifestarse reacciones e incluso alergias ante ciertas sustancias, como cosméticos, jabones, geles y colonias. Respecto a la radioterapia, las áreas de piel sometidas a la radiación también tienden a sufrir problemas de sequedad y atrofia.
Necesidades cosméticas Durante el tratamiento oncológico es imprescindible aportar a la piel una hidratación suplementaria y buscar productos suaves que contengan ingredientes emolientes, como la urea y el ácido láctico, y activos que refuercen la  barrera hidrolipídica, como los ácidos omegas. En general, se recomienda que los cosméticos sean lo más naturales y neutros posible, preferiblemente libres de perfumes, colorantes y conservantes.  
HIPERPIGMENTACIONES Otro efecto secundario habitual, tanto en tratamientos de quimioterapia como de radioterapia, es la aparición de manchas, muchas veces localizadas en áreas de piel expuestas, mucosas, zonas de presión... Las alteraciones en la pigmentación suelen deberse a la activación de la formación de melanina que producen algunos agentes quimioterapéuticos, en cuyo caso la mancha se acentuará con la exposición solar. Además, muchos de estos fármacos provocan fotosensibilidad, es decir una hiperreacción de la piel a la exposición solar, por lo que se deberán usar protectores solares siempre. Asimismo, las áreas sometidas a radioterapia o las cicatrices de una cirugía reciente deben estar cuidadosamente protegidas y cubiertas del sol, y se recomienda no aplicar perfume directamente sobre ellas. 

 

UÑAS Las terapias oncológicas puedes alterar la velocidad de crecimiento y la forma de las uñas, volverlas quebradizas, hacer que aparezcan estrías, reblandecerlas, engrosarlas, y en algunos casos, poco habituales, provocar su caída. Estas reacciones se deben a los efectos adversos que sobre la matriz ungueal, área de crecimiento de la uña, pueden provocar tanto los agentes quimioterapéuticos como la radioterapia. Las uñas también pueden llegar a mostrar alteraciones en la coloración, ya sea por pigmentación melánica o por depósitos de sustancias sobre las células de la matriz. Para protegerlas resulta muy eficaz aplicar a diario ingredientes hidratantes y regenerantes, evitar el esmaltado, no cortar las cutículas ni usar instrumental cortante como alicates o cuchillas. Estas alteraciones suelen desaparecer una vez finaliza el tratamiento; es entonces cuando conviene restablecerlas protegiendo la lámina ungueal con esmaltes protectores y favorecer la hidratación de la matriz con aceites de oliva y rosa de mosqueta y su regeneración recurriendo a activos como el ácido glicólico. Información AECC 

 

El mayor impacto: CAÍDA DEL CABELLO 
Recientemente se ha creado en nuestro país APEO: Asociación Profesional de Estética Oncológica, que promueve la organización de cursos teórico-prácticos dirigidos a las esteticistas, para que conozcan los tratamientos de belleza y bienestar que pueden mejorar la calidad de vida y la autoestima de los pacientes oncológicos. La Dra. Alba Català, dermatóloga en Dermatek (Centro Médico Teknon) y docente de APEO, nos habla de otras dos alteraciones provocadas por estos de tratamientos, y que suelen ser de las que más molestias, inquietud y desánimo suscitan entre los pacientes. 
¿Se me va a caer el pelo? Cuántas veces habrán oído esa pregunta los médicos que han de dar al paciente la noticia de que se le ha diagnosticado un cáncer? Este tema preocupa sobre todo a las mujeres y aunque no siempre se produce sí que es cierto que es un efecto secundario muy habitual durante la quimioterapia. La Dra. Català señala que al tratarse de una secuela inevitable, las medidas deben centrase en buscar la comodidad del paciente. El primer consejo es cortarse el pelo antes de que empiece a caer, así el impacto es menor y no hay que pasar por el trance de ver como se cae el cabello a mechones. Se recomienda peinarse con cepillos de púas suaves, para no agredir el cuerpo cabelludo, no teñirse ni hacerse moldeados o permanentes, no utilizar planchas ni rizadores y el secador siempre a temperatura mínima. Para lavar la cabeza se optará por champús neutros y suaves. Cuando se haya caído el pelo por completo debe protegerse la cabeza con fotoprotectores solares y cubrirla con sombreros, pañuelos o pelucas, para aislarla tanto del calor como del frío. 

 

Molestia máxima: EL SÍNDROME MANO-PIE 
Es un efecto adverso conocido también como eritrodisestesia palmoplantar y causado por ciertos tipos de quimioterapia. Suele aparecer en manos y pies y cursa con síntomas muy diversos, de diferente gravedad: enrojecimiento, hinchazón, cosquilleo, tirantez, ampollas, llagas, grietas, descamación e incluso dolor y dificultad para caminar. La esteticista puede ofrecer tratamientos y cuidados eficaces orientados a paliar estas alteraciones, y el paciente también puede tomar medidas para prevenirlas o aliviarlas. Este síndrome empeora con las temperaturas elevadas, así que no deben exponerse las zonas afectadas a fuentes directas de calor como el sol y deben evitarse baños y duchas con agua caliente. Para aliviar las molestias podemos refrescar manos y pies con bolsas de hielo o compresas frías. Durante las seis primeras semanas de tratamiento es mejor no realizar actividades físicas y deportivas que exijan fuerza o fricción en pies y manos, como correr, ejercicios aeróbicos, deportes con raqueta. Asimismo es importante evitar el contacto con sustancias químicas presentes, por ejemplo en productos de limpieza; para este tipo de tareas sustituir los guantes plástico o vinilo por guantes de algodón. Para que los pies no se resientan, usar calzado cómodo y ventilado, y no caminar descalzo. Por supuesto, no debe descuidarse la aplicación de cosméticos ricos en activos nutritivos, hidratantes, regenerantes y calmantes.

 

El masaje durante la TERAPIA ONCOLÓGICA 
¿Qué ocurre con las terapias manuales en pacientes oncológicos? ¿puede realizarse cualquier tipo de masaje? ¿existen contraindicaciones? Manuel Escobar Pumar, especialista en fisioterapia onco-hematológica y profesor de APEO, es quien mejor puede dar respuesta a estas cuestiones. Parar empezar,  hay  algunos profesionales que desaconsejan cualquier tipo de masaje, ya que existe la falsa creencia que al realizarlo  y activar la circulación sanguínea y/o linfática se puede favorecer la extensión del tumor. Él señala que no existe ninguna evidencia que demuestre que el masaje pueda extender o agravar el cáncer, siempre, eso sí, que lo realice un profesional y se tengan en cuenta ciertas precauciones. Como indica el Dr. Frederic Viñas en su obra La linfa y su drenaje manual: “los procesos de metastización están determinados por las características biológicas de las células cancerosas y por el estado de las defensas del organismo, y no por factores mecánicos como puede ser la acción del masaje o el DLM (drenaje linfático manual)”.
Lo que nadie cuestiona es que las terapias manuales asocian múltiples beneficios: alivian dolores y molestias, disminuyen la ansiedad, mejoran la calidad del sueño… En pacientes oncológicos estos beneficios se valoran más si cabe, por eso muchas veces son ellos los que piden un masaje, porque los hace sentir mejor. El terapeuta deberá tener siempre presente una serie de recomendaciones.
En caso de aplicar técnicas descontracturantes, las maniobras serán superficiales, porque la piel suele estar deshidratada, frágil y con tendencia al sangrado, debido a la quimioterapia, radioterapia o cortisona. Evitaremos incidir en la zona en la que se localiza el tumor y en el área cercana a los catéteres centrales. Hay que tener especial cuidado en pacientes anticoagulados o con un número bajo de plaquetas, pues pueden aparecer sangrados en forma de equimosis o hematomas; también hay que extremar las precauciones en enfermos de mieloma múltiple o con metástasis ósea por el riesgo de fractura.
Respecto al drenaje linfático manual es fantástico para ayudar a reabsorber el edema postquirúrgico y en la prevención y tratamiento del linfedema, (acumulación de líquido linfático por extirpación de los ganglios axilares en cirugías de cáncer de mama.

 

Cömo trabajar en la CABINA 
Núria Soteras, directora del centro Backstage BCN y pionera en la introducción de la estética oncológica, nos describe cómo abordar un tratamiento facial cuando la cliente está pasando por un proceso oncológico.

OPINIÓN EXPERTA
• En estos casos, más que nunca, hay que preparar la cabina con mimo y atención, para que la cliente se sienta lo más confortable posible. La sesión dará comienzo invitándola a inhalar una fragancia de néctar de rosa de damasco, aceite de avellana, patchouli, menta, sándalo, jazmín y romero. Esta mezcla tiene efectos calmanates y reequilibra las pieles sensibles.
• Limpiar la piel con una loción formulada con própolis, extractos de árnica montana, y manzanilla, flor de sauco y azúcar de maíz biofermentado Extender con un masaje suave y retirar estos con algodones o gasas humedecidas en un tónico refrescante.
• Exfoliar empleando un peeling enzimático o una fórmula con ácido glicólico.
• Hidratar cejas y pestañas, aplicando con un pincel un bálsamo reparador con hidrolizado de proteínas de soja y trigo, que aporta una elevada cantidad de nutrientes. Recortar con unas tijeras el exceso de pelo en las cejas.
• Mediante un delicado masaje, aplicar un concentrado de rosa mosqueta que gracias a su riqueza en vitamina C y ácidos grasos esenciales regenera, cicatriza, suaviza y aporta elasticidad a la piel.
• Aplicar una crema o loción adecuad al tipo de piel, que sea hipoalergénica y no contenga alcohol ni parabenos Optaremos  por fórmulas que incluyan mantecas mango y karité, aceite de semilla de amaranto, de aguacate, rosa mosqueta, vitamina F, árnica, tripéptidos… La finalidad es calmar la piel, elevar su umbral de tolerancia y reactivar sus mecanismos de autodefensa.
• Finalizar el tratamiento aplicando una crema hidratante, calmante y nutritiva, con protección solar y vitamina E y F, betaglucanos, betaína, pantenol, glicerina y arginina. 

 

Hoy la estética oncológica es una realidad reconocida y muy valorada
que ensalza la labor de las profesionales de la estética