SUSCRÍBETE

7 números
impresos y
2 magazines
online

COSMÉTICOS PROBIÓTICOS

Por Nueva Estética

¿Si te decimos que estos cosméticos destacan por incluir en su formulación bacterias, cómo te quedas? Pues así es, los probióticos atesoran en su interior un universo de microorganismos que han demostrado ser los mejores compañeros de la piel, pues fortalecen su sistema inmunológico, ofreciéndole máxima protección contra las agresiones externas. Este minúsculo batallón de salvamento realiza una gran hazaña en pro de la integridad cutánea, de ahí que los cosmetólogos hayan sabido ver en ellos un eficaz aliado. ¿Cómo actúan? Los productos a base de probióticos dejan sobre el estrato córneo un velo de bacterias “amigas” que se multiplican y colonizan la superficie en detrimento de la flora patógena y cualquier tipo de irritación. Su aplicación regular permite reforzar la barrera hidrolipídica y asegurar el correcto equilibrio de la piel.  DRA. MARÍA JOSÉ ALONSO. Miembro de la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV)


¿Sabías que cada centímetro cuadrado de nuestra piel contiene casi un millón de bacterias? A pesar de la persecución a la que los hemos tenido sometidos, la gran mayoría de los microorganismos que viven dentro y sobre nuestro cuerpo son comensales no patógenos. Eso quiere decir que nos aportan variabilidad genética y realizan funciones que las células humanas no son capaces de llevar a cabo ellas solas. Tanto es así, que en medicina y en dermatología, en particular, ha cambiado mucho el papel que desempeñan estos microorganismos. Han pasado de ser meros “espectadores” o incluso patógenos causantes de enfermedades, a estar consideraros, muchos de ellos, como “colaboradores” en la curación. Su existencia y su actividad modifican el curso de enfermedades, afectan a nuestra inmunidad, influyen en el metabolismo, modulan la interacción de nuestro cuerpo con los medicamentos… Es por ello que ahora los veamos desde otro punto de vista. Estos seres viven en comunidades y tienen su propio hábitat, y es allí donde realizan sus funciones, y dónde hay que estudiarlos. Los cultivos tradicionales sólo nos permiten aislar menos del 1% de las bacterias que habitan en la piel. Esto se ha resuelto con el uso de las nuevas tecnologías genómicas que reconocen ARN y ADN específicos de cada microorganismo. Y es que aunque se conocen muy bien los que forman parte de la flora digestiva, los que “viven” en nuestra piel han comenzado a estudiarse recientemente.

 

La piel es un órgano complejo sobre el que conviven en perfecta simbiosis comunidades de microbios que se comunican con nosotros a través de complejas señales, lo hacen utilizando nuestro propio sistema inmunitario y adaptativo, y nos ayudan a desarrollarlo. Cuando este equilibrio se rompe, aparecen enfermedades inflamatorias, infecciones, alergias o enfermedades autoinmunes. El microbioma de la piel se considera el conjunto de genes (genoma) de todos los microorganismos presentes en ella. El término metagenoma hace referencia a la información genética del microbiota. Y la palabra microbiota se utiliza para catalogar a cualquier microorganismo presente en cualquier parte del cuerpo (intestino, nariz, mucosa de la boca, pulmones, piel…). De todos los que se conocen, sólo 200 se consideran verdaderos patógenos, el resto son comensales o patógenos facultativos (es decir, ocasionales en función de la situación de cada persona).

 

Algunos tratamientos que solemos usar de forma habitual pueden afectar al microbioma, alterando las vías locales de respuesta y pueden interferir el proceso de curación de heridas, favorecer sobreinfecciones por patógenos, etc. Asimismo, el exceso de limpieza también puede alterar el microbioma, así como cosméticos, productos de higiene, maquillajes, hidratantes, etc. El mal uso de antibióticos, o las radiaciones ultravioletas influyen también sobre la composición del microbioma. Actualmente, se están investigando los beneficios de utilizar pre y probióticos para mejorar la piel. Por ejemplo, en la dermatitis atópica es importante para evitar el sobrecrecimiento de Stafilococo Aureus. Además de los productos vía oral, se están desarrollando una nueva generación de cosméticos que incluyen lisados de bacterias como Vitreoscilla filiformis o Lactobacillus. Estas cremas con probióticos se han diseñado con la intención de tratar enfermedades como la dermatitis atópica o el acne, y lo que hacen es restablecer la barrera cutánea y el microbioma cutáneo, controlando la activación de los procesos inflamatorios que desencadenan estas enfermedades. Además, la aplicación tópica de lipopolisacáridos bacterianos ayuda al proceso de curación de las heridas.