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ESPECIAL BELLEZA
PIELES SINGULARES

 

Fascinantes, enigmáticas, delicadas… en definitiva, únicas en su especie, cada piel responde a un sello de identidad propio. En este Especial de Dermatología hemos pedido la colaboración de cualificados dermatólogos para que nos expliquen cómo es cada una de ellas: grasa, hipersensible, extremadamente seca, con rosácea… porque entender la fisiología de estas pieles atípicas es imprescindible para potenciar su belleza. 

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Piel hipersensible

Aunque es difícil establecer las causas directas que convierten a una piel normal en una piel sensible, se cree que entre los factores implicados están la exposición a ciertos agentes medioambientales, cuadros de estrés, cambios hormonales… ¿Qué las identifica? Por norma general comparten un mismo patrón: suelen ser extremadamente delgadas, presentan un nivel de hidratación muy pobre y tienen una inervación alterada. DR. JC MORENO GIMÉNEZ. Dermatólogo y Presidente de Honor de la AEDV.

 

Según datos recientes el 50% de las mujeres y el 40% de los hombres presentan piel sensible. Es más, las estadísticas demuestran que se trata de un cuadro en claro aumento, posiblemente ligado al ritmo de vida y al uso cada vez más frecuente de productos cosméticos. Este alto porcentaje ha convertido a este tipo de cutis en objetivo de estudio. En cuanto a sus síntomas, lo cierto es que es difícil definir qué caracteriza a las sensibles, ya que se trata de una sensación relativamente subjetiva. Por norma general, las personas que la sufren aseguran reaccionar de forma negativa a estímulos externos. La piel sensible es, por tanto, una condición de hiperreactividad cutánea subjetiva frente a factores ambientales. ¿Qué síntomas suelen presentar? Estos cutis reaccionan de manera exagerada al contacto con ciertos cosméticos, jabones, protectores solares e incluso al agua… respuesta que a menudo suele empeorar cuando la piel se ve expuesta a un clima seco y frío. Muchas veces, aunque no se observan signos clínicos de irritación, las personas que presentan este tipo de piel aseguran sentir una sensación de picazón, ardor y escozor, que están constantemente presentes. Generalmente las sustancias inductoras no son comúnmente considerados irritantes, ni producen sintomatología alguna en el resto de la población. El periodo que transcurre entre la causa desencadenante y la aparición de los síntomas es muy variable y puede oscilar entre minutos y días.

 

Saber el por qué

Aunque los agentes ambientales juegan un papel esencial en el desarrollo de las sintomatologías, muchas veces, las causas de esta sensibilidad están relacionadas con factores intrínsecos. Es decir, están presentes en el mismo paciente. De ahí que se contemplen como posibles desencadenantes los cambios  hormonales, el sexo o la edad. Por ejemplo, la piel sensible suele ser más común en mujeres entre la franja de los 18-50 años. También hay que tener en cuenta los hábitos de vida propios de países desarrollados y factores extrínsecos como el invierno, el estrés y, por supuesto, la existencia de dermatosis subyacentes como la dermatitis atópica o la cuperosis (rosácea). En cuanto a su “naturaleza”, estas pieles suelen ser más delgadas que el resto, presentan un nivel de hidratación bajo y tienen una inervación alterada. A la hora de estudiar su biología, un factor a tener en cuenta es la pérdida transepidérmica de agua (TEWL). La TEWL hace referencia a la capacidad de nuestra epidermis para evitar la perdida de agua, constituyendo “la hidratación fisiológica o natural” de la misma, de ahí que resulte fundamental para mantener nuestro sistema de defensa a través de la denominada “función barrera”. Se ha demostrado que algunas personas y razas (negros y asiáticos) tendrán, en un futuro, una TEWL elevada, haciéndolos más propensos a presentar una "piel sensible". He ahí la importancia de proteger nuestra “barrera cutánea” mediante el uso de productos adecuados que respeten la acidez de la piel. Hay que tener en cuenta que el pH de la piel es ácido (alrededor de 5) por lo que el empleo de sustancias alcalinas va a deteriorarla de forma evidente, permitiendo la penetración de sustancias que pueden ser dañinas para el organismo. En resumen, podemos decir que la “piel sensible” no está producida por un mecanismo alérgico o inmunitario sino que es debida a distintos factores que deterioran la integridad de la misma o aumentan su sensibilidad (conducción nerviosa).

 

Piel muy seca

Especialmente vulnerables, este tipo de cutis se identifican por ser pieles prematuramente envejecidas, con problemas de tirantez y picor, ásperas al tacto y faltas de elasticidad. esta condición de extrema delicadeza hace que requieran una atención sumamente especial. DRA. EUGÈNIA AGUT BUSQUET. Dermatóloga

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La piel seca, llamada xerosis en términos médicos, es una condición en la que la piel se muestra agrietada, áspera, rugosa, envejecida, tirante, descamativa y menos elástica, y en la mayoría de casos viene acompañada de prurito o picor. Asimismo, si ésta no se trata puede conducir a la formación de eczemas, resultando en la aparición de manchas rojas muy pruriginosas que en ocasiones supuran. Su condición se debe a una serie de alteraciones que explicaremos a continuación. Analicemos parte por parte qué sucede en su “interior”, pero antes, repasemos algunos conceptos básicos. Como sabemos, la parte cutánea superficial, es decir, la epidermis, está formada por cuatro estratos (cinco en las palmas y las plantas) que son: el córneo, el granuloso, el espinoso y el basal. Estos estratos, en constante evolución y maduración, están íntimamente conectados y comunicados entre si y con las estructuras cutáneas subyacentes mediante moléculas y sustancias específicas, que son vitales para la comprensión de las distintas patologías cutáneas. La xerosis o excesiva sequedad cutánea responde a una alteración tanto de los propios elementos celulares cutáneos, como de la concentración y formación de las moléculas, así como de las sustancias de conexión y comunicación, lo que en conjunto conduce al aspecto característico de una piel seca. Entre las alteraciones más frecuentes destacan las siguientes:

  • Mala maduración de los queratinocitos en el estrato espinoso a corneocitos en el estrato córneo, que da como resultado corneocitos de menor calidad.
  • Disminución de la concentración de filagrina debido a la edad. Esta proteína está implicada en la producción de aminoácidos y sales que hidratan la piel.
  • Alteración cualitativa y cuantitativa de los lípidos (ceramidas, colesterol y ácidos grasos esenciales) que se forman a partir del contenido de los cuerpos lamelares de las células del estrato granuloso y que contribuyen a mantener la hidratación, la estructura y la resistencia de la piel.
  • Disminución de la concentración de factores de crecimiento liberados por las células subyacentes a la epidermis (especialmente por los fibroblastos), que estimulan el proceso de diferenciación de los queratinocitos.
  • Descenso de la concentración de las enzimas del estrato córneo que cooperan en la transformación de la filagrina, los lípidos y otras moléculas del mismo estrato y que ayudan a mantener la piel hidratada y cohesionada.

A qué se debe

La xerosis aumenta fisiológicamente con la edad, pero también puede ser una manifestación de distintas enfermedades hereditarias o adquiridas. De manera que la predisposición a presentar este tipo de piel viene condicionada principalmente por 3 factores:

Factores genéticos, que otorgan una probabilidad más alta de desarrollar xerosis.

Factores desencadenantes, entre los que se encuentran los agentes  ambientales, químicos y físicos. Por ejemplo, no se recomiendan las duchas o baños prolongados con agua caliente, el uso de jabones y detergentes duros y los ambientes con baja humedad.

Factores aceleradores, como la edad y otras enfermedades que pueden desencadenar por sí mismas que la piel esté seca o bien puede deberse como consecuencia de los fármacos prescritos para su tratamiento (retinoides, antineoplásicos, antiretrovirales, etc). Las enfermedades cutáneas que se asocian con más frecuencia a la xerosis son: dermatitis atópica; ictiosis; xerosis invernal, relacionada con ambiente fríos y secos y exacerbados por el aire caliente y seco de las calefacciones centrales; xerosis estival, que se da paradójicamente en verano debido al uso de aires acondicionados que proporcionan aire frío y seco; piel senil, que se da en más del 75% de personas mayores de 75 y además es la causa más frecuente de prurito sin lesiones cutáneas. Típicamente empieza por la zona pretibial y empeora tras el baño con agua caliente, los cambios de temperatura, la disminución de la humedad ambiental y los detergentes; y finalmente dermatitis de contacto. Las enfermedades sistémicas más comunes relacionadas con la xerosis son las alteraciones tiroideas, linfomas, dermatomiositis, enfermedad renal crónica, enfermedad hepática...

Piel acneica

El acné es una patología inflamatoria que suele afectar con mayor frecuencia a adolescentes aunque también puede darse en pieles maduras, principalmente en mujeres. entre sus causas cabe destacar la presencia de seborrea, unida a la hiperproliferación bateriana. DR. DIDAC BARCO, Dermatólogo. Centro Médico Teknon (Barcelona)

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La seborrea y la piel acneica suelen ser dos patologías que acostumbran a ir de la mano. Y aunque tanto una como la otra son propias de la adolescencia, también puede darse en mujeres por encima de los 25 años, debido a la presencia de un hiperandrogenismo. La seborrea fisiológica que aparece en la adolescencia se debe al estímulo del aparato pilosebáceo por parte del aumento androgénico puberal, más marcado en los varones pero también presente en las mujeres. En cuanto a las causas de su aparición, tal y como hemos dicho, la seborrea constituye un factor de riesgo para la posterior aparición del acné, en especial cuando se une a otros elementos como la hiperproliferación bacteriana (principalmente por la acción del Propionibacterium acnes) y la hipercornificación de los ostium foliculares con la formación de comedones. Los comedones abiertos o cerrados son la lesión que define el acné y son el escalón inicial para que se desarrollen las lesiones inflamatorias posteriormente.

Requiere una mención especial el acné en la mujer adulta, ya sea en su forma cronificada desde la adolescencia como en aquella que debuta después de los 20-25 años. En este caso, entre los factores implicados están los andrógenos, ya sea cuantitativamente (con un exceso en los valores absolutos en un perfil androgénico practicado en la fase folicular del ciclo menstrual) o bien en referencia a la sensibilidad de los receptores androgénicos periféricos.  Asimismo, en el caso de las mujeres también es frecuente la aparición de lo que se conoce como acné cosmético, ocasionado por una oclusión artificial del conducto pilosebáceo mediante la aplicación de productos cosméticos grasos o comedogénicos. Este tipo de acné es especialmente rico en comedones cerrados y microquistes.

Qué la identifica

La piel seborreica es, por definición, una piel grasa y untuosa al tacto. Frecuentemente va acompañada de aperturas foliculares anchas y comedones, ya sean abiertos o cerrados. No es raro encontrar otro tipo de lesiones coexistentes, como pápulas, pústulas y nódulos si evoluciona a acné; o bien eritema y descamación en el área centrofacial en caso de que haya un solapamiento con dermatitis seborreica. La piel seborreica también está más predispuesta a padecer manifestaciones rosaceiformes (pústulas, pápulas, cuperosis); de demodicidosis (hiperqueratosis folicular, refuerzo eritematoso perifolicular, pápulas y pústulas) o queratosis seborreicas. Una vez más, en el caso de las manifestaciones acneiformes en las mujeres se requiere una puntualización: en ellas es más frecuente que esta patología afecte principalmente al tercio inferior del rostro, en especial el arco mandibular y la parte superior del cuello. Aunque a este patrón se denominada comúnmente “distribución hormonal”, no se consigue encontrar una relación establecida entre esta localización y una mayor incidencia de hiperandrogenismo analítico.

En cuanto a los principales problemas estéticos, la piel con tendencia acneica suele presentar brillo asociado a la misma seborrea, al tacto untuoso y al tamaño agrandado de los ostiums foliculares, con o sin comedones asociados. No es infrecuente que este tipo de pieles presente cicatrices atróficas en picahielos por lesiones inflamatorias anteriores, especialmente en las mejillas. Por lo general, el primer grupo de manifestaciones estéticas responde a los retinoides, ya sean tópicos u orales, puesto que reducen el tamaño y la funcionalidad de las glándulas sebáceas, disminuyendo la cantidad de sebo y el diámetro de las aperturas pilosebáceas. Las cicatrices en picahielos son un reto terapéutico y existen numerosas opciones para abordarlas: los peelings químicos superficiales (ácido salicílico o glicólico), medios (ácido tricloroacético), o los láseres fraccionados ablativos y no ablativos, entre otras.

 

Piel con rosácea

Este tipo de cutis son, en esencia, especialmente complejos. es cierto que presentan una personalidad algo especial, y eso se debe a que su carácter está escrito en sus genes. los cutis con rosácea responden con intensidad, presentando una vascularización alterada que se traduce en un enrojecimiento cutáneo. DRA. MARTA GARCIA BUSTINDUY, Dermatóloga. Hospital Universitario de Canarias.

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La rosácea es una enfermedad inflamatoria crónica de la piel que afecta tanto a los vasos sanguíneos, como a  las unidades pilosebáceas. No se conocen completamente las causas de su aparición, pero se cree que están implicados factores vasculares, inflamatorios y nerviosos. Este tipo de cutis presentan un fallo en la función barrera de la piel que permite el paso a diversos agentes irritantes. Además, su respuesta inmune innata está aumentada, lo que hace que la piel reaccione con mucha más intensidad. Asimismo, en este tipo de pieles se dan cambios del flujo sanguíneo a nivel cutáneo con una respuesta vascular alterada, que se traduce en un mayor enrojecimiento. Por otro lado, ciertos datos sugieren que existe una predisposición genética a presentar dicha enfermedad ya que, hasta un tercio de los pacientes tienen antecedentes. También hay que tener en cuenta numerosos factores desencadenantes que dependen de la susceptibilidad de cada persona; los más comunes incluyen la luz solar, el frío, el viento, los alimentos picantes o calientes, el alcohol y el estrés. Por otra parte, se ha debatido ampliamente el papel etiopatogénico del Demodex folliculorum y brevis en la rosácea. Se trata de dos especies de ácaros comensales que colonizan el folículo pilosebáceo humano. Sin embargo, el efecto de su sobrecrecimiento en la génesis de la rosácea es complicado de demostrar. La infestación por el Demodex foliculorum, considerada de haber más de 5 ácaros/cm2, se encuentra con más frecuencia en ciertos pacientes con algunos subtipos de la enfermedad, pero no en todos. Por su parte, la denominada Demodecidosis, o infestación por el Demodex se parece clínicamente a la rosácea, pero con muchos más ácaros presentes en los folículos. Evidentemente, quizás no es la simple infestación por el ácaro lo que desencadena la rosácea sino la interacción del Demodex con un sistema inmunitario alterado ya presente en la piel. Más recientemente se ha sugerido que es el Bacillus oleronius, bacteria que coloniza al Demodex, la que podría poner en marcha la cascada inflamatoria.

Así son ellas

Las lesiones típicas de la rosácea se presentan principalmente en la cara y, en concreto en las prominencias de la misma, frente, nariz, mejillas y mentón, dejando libres los surcos nasogenianos. En muy pocos casos éstas tienen a extenderse en pabellones auriculares, cuello o zona superior del tórax. Estas pieles se caracterizan por enrojecimiento, pequeñas dilataciones vasculares o telangiectasias, granos rojos o pápulas, pústulas y lesiones más grandes e inflamatorias. La enfermedad presenta períodos intermitentes de actividad y remisión. Es frecuente que se note ardor y prurito en la cara, descamación e inflamación de las zonas afectas. Basándose en el tipo de lesión predominante se propuso en el año 2002 una clasificación clínica, que incluye cuatro subtipos y que, junto con los avances en la fisiopatología, contribuye a un mejor abordaje de la enfermedad:

1.    Eritemato-telangiectásica Rubor que dura más de 10 min., ardor o escozor, eritema persistente en la zona central de la cara y telangiectasias asociadas.

2.    Pápulo-pustulosa (clásica) Granos pequeños, rojos, junto a pequeñas pústulas en zonas centrales de la cara, rojez e inflamación facial sólida, densa.

3.    Fimatosa Engrosamiento de la piel con orificios foliculares muy abiertos, conteniendo tapones de sebo o queratina y superficie cutánea rugosa. Afecta sobre todo a la nariz (rinofima) pero también puede darse en barbilla, frente, ojos y párpados.

4.    Ocular Ardor, escozor de ojos, sensibilidad a la luz, sensación de cuerpo extraño. Afecta a párpados, conjuntiva y córnea, Puede acompañarse o no de lesiones en el resto de la piel de la cara.